Aplicaciones cada vez más grandes para resolver los mismos problemas de siempre.
El software actual tiende a crecer en tamaño, dependencias y consumo de recursos. Frameworks completos, librerías encadenadas y capas de abstracción permiten desarrollar rápido, pero trasladan el costo al hardware y al usuario final.
Desde el desarrollo, estas herramientas reducen tiempos y estandarizan procesos. Desde la experiencia real, muchas aplicaciones modernas ofrecen beneficios marginales frente a soluciones más simples, pero consumen más memoria, almacenamiento y energía.
El problema no es la tecnología moderna en sí, sino su uso sin análisis de contexto. No todo proyecto necesita arquitecturas complejas ni stacks sobredimensionados.
La eficiencia, la simplicidad y la mantenibilidad siguen siendo virtudes técnicas válidas, aunque no siempre estén alineadas con las tendencias del mercado.